19. Síguela
19. Síguela
Elise no pierde tiempo después de salir del hospital. Camina por el pasillo con el teléfono ya en la mano y marca un número que conoce de memoria.
—Boris —dice apenas la llamada conecta—. Necesito una moto. Alto cilindraje. Ahora.
—¿Dónde estás? —pregunta él sin rodeos, notando el tono serio— la envío a tu ubicación.
—En el hospital. Envíala a la ubicación que te mande. No preguntes.
—Estoy en eso, jefa.
Elise corta la llamada y sale a la calle. Menos de quince minutos después, una moto negra reluce bajo las luces del estacionamiento. No pierde tiempo. Se coloca el casco, ajusta la chaqueta, monta de un salto y acelera como si el mundo no existiera más allá del rugido del motor.
A unos metros de allí, un Maybach negro permanece estacionado con el motor encendido. Kristian está apoyado en el asiento trasero, mirando por la ventana, cuando la ve.
Se queda completamente inmóvil.
—¿Elise… sabe manejar moto? —murmura, incrédulo, sin despegar la vista de ella.
Jack, en el asient