—Sofía, escúchame, por favor, ¿puedes darme una oportunidad?
Sofía ya había perdido toda la paciencia.
—¡Suéltame! —le espetó—. ¿No te da asco hacer esto? No olvides que estás con Valeria.
Al oír el nombre de Valeria, una sombra fugaz cruzó la mirada de Eduardo. Amparándose en su supuesta embriaguez, la sujetó con más fuerza, ignorando sus protestas, y la estrechó entre sus brazos.
—Pero los que estábamos comprometidos al principio éramos nosotros, Sofía. —murmuró—. La verdad es que... tú tambié