—¡Suéltame! ¡Daniel, me das asco!
Sofía luchaba por zafarse, pero la fuerza de él era demasiada; solo sentía un dolor agudo en la muñeca.
Mientras tanto, Javier Ortiz, que estaba escondido cerca, salió de las sombras. Sacó su celular con disimulo, listo para grabar lo que estaba por suceder.
Y es que Daniel no había venido solo ese día.
Se había puesto de acuerdo con Javier Ortiz de antemano para que grabara lo que haría. Con eso tendría material suficiente para hundir a Sofía Vargas.
Ya quería