Cuando Daniel reaccionó, ya se había encontrado con los ojos de Sofía, que lo observaban con una actitud burlona.
—¿Qué pasa? ¿Quieres volver a la cárcel?
Por un segundo, la mente de él se quedó en blanco y ni siquiera supo qué responder.
Al verlo tan desaliñado, Sofía tuvo que reprimir una carcajada. No había pasado tanto tiempo y, sin embargo, él parecía un náufrago, como si lo hubieran tenido en un campo de concentración. No cabía duda de que la cárcel le había sentado de maravilla.
Pero habí