Sofía tenía que seguir su camino. Tenía prisa por ir a comer, pues por la tarde tenía una cita con Mateo para ver a un cliente. No estaba de humor para perder el tiempo discutiendo con Daniel.
Pero en un abrir y cerrar de ojos, él la agarró de la muñeca y le dijo furioso:
—¿Por qué nunca me hablas ni con un poquito de respeto? He trabajado muy duro y estoy cansado, solo quiero hablar contigo.
—¡Que te quites! —Le dijo ella con dureza—. Está de no creerse, en serio. Y no me interesa en lo más mín