Capítulo 449
Por más cara dura que fuera, Eduardo sabía que tenía que irse.

—Descanse, por favor. Ya vendré a verla en otra ocasión.

Lorena se limitó a asentir, sin molestarse en añadir nada más.

En cuanto comprendió que no llegó solo de visita, sino con un propósito claro, su interés en él se esfumó.

—Acompáñalo a la puerta, Valeria.

Encantada de obedecer, asintió con entusiasmo y lo acompañó hacia la salida.

Una vez afuera, él no pudo contenerse.

—¿Qué fue todo eso? ¿Qué le pasa a tu mamá?

—Vaya, ¿ya se te
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