Al día siguiente tenía que presentarse en la empresa; con su madre ausente, sentía que era su deber poner todavía más atención a todo. La idea de que no hubiera nadie al frente para tomar decisiones la dejaba muy inquieta.
Alejandro se sentó junto a Sofía y, tras servirse varios camarones en el plato, comenzó a pelarlos para ella con una paciencia meticulosa.
—Come un poco más. Todo se ve delicioso.
Ella, a su vez, le sirvió un trozo de lomo.
—Tú también come, no tienes que estar atendiéndome to