Fernando suspiró con fastidio y le dio un empujoncito con el pie.
—Yo no hago nada que vaya contra la ley.
Daniel no pudo evitar reírse entre dientes.
—Solo estaba tratando de relajar el ambiente, ¿no? Tú no te preocupes, yo tampoco haría nada ilegal. No vale la pena. Soy un ciudadano ejemplar.
Fernando sonrió.
—Ay, niño, no te pongas de chistosito conmigo. Lo que quiero que hagas es esto: te voy a dar un puesto en la empresa y vas a empezar a trabajar ya. Vas a empezar desde abajo, aprendiendo