Pero con el tiempo, empezó a sentir que no podía seguir así; su vida se sentía vacía y sin rumbo.
Así que, para llenar sus días, se inscribió en clases de baile y de finanzas, dedicándose a sus nuevas actividades.
Por su parte, no era que Daniel no quisiera ir a buscarla, es que no tenía ni un momento libre.
Su padre lo vigilaba a todas horas, como si fuera un prisionero, sin dejarle un solo momento de libertad.
A estas alturas, ya ni siquiera quería volver a la casa de su familia.
Ese mundo sol