Teresa no pudo evitar poner los ojos en blanco. En el fondo, pensó, casi era mejor que la boda no se celebrara tan pronto.
Ya le había quedado claro que esa tal Valeria no era ninguna florecita tierna. Una vez que entrara a la familia, quién sabe cuántos problemas iba a causar.
Ella ya estaba muy grande para soportar esos dramas.
Al escuchar a su esposa, Mario sintió que la furia lo consumía.
—¿A qué te refieres con eso? ¿Es solo mi hijo y no el tuyo?
Teresa abrió los ojos de par en par.
—Yo no