La madre de Eduardo también insistió.
—Anda, Vale, come más. ¿No decías que te encantan estas costillas? Cuando se casen, vas a poder comerlas todos los días.
Teresa sonrió con una amabilidad estudiada, desplegando su mejor táctica: dulzura irresistible.
Al principio, Valeria se sintió un poco conmovida, pero al escuchar esa frase, paseó la mirada por la mesa. Se dio cuenta de que toda la familia la observaba con una extraña ansiedad, como si estuvieran desesperados por que se uniera a ellos cua