—¡Claro que es en serio!
Eduardo levantó los dedos como si hiciera un juramento.
—Te lo juro, Vale. Después de lo de hoy, me di cuenta de que me gustas todavía más. No puedo estar sin ti. Quiero que estemos juntos siempre, no estoy jugando.
Valeria, sentada en el carro, lo observaba. Al ver la seriedad del hombre, su corazón cedió.
—Está bien, entiendo lo que quieres decir. Cuando llegue a casa, voy a hablarlo con mi mamá.
Lo decía en serio. Aunque se había peleado con Sofía y estaba muy molesta