—Entonces dime, ¿qué es perder el tiempo? —respondió Valeria—. ¿Estar aquí, sentados platicando, es perder el tiempo para ti?
Las palabras lo dejaron sin argumentos.
—Pero… una noche como esta vale oro…
Eduardo bajó la cabeza, su voz apagándose. No sabía por qué, pero sentía que ella estaba siendo dura con él, como si su atención estuviera centrada en atacarlo.
Y no se equivocaba. Ese era el objetivo de la visita.
¿Una noche que valía oro con él? Qué ridículo.
Bajo la intensa mirada, Eduardo no