A simple vista, nada parecía fuera de lugar.
Alejandro habló con suavidad y con delicadeza al dar un paso al frente.
—Suegra, ¿está bien? ¿Cómo se siente?
Al escuchar su voz, Lorena se paralizó. Sus ojos, aún nublados por el sueño, tardaron un momento en enfocarlo.
—Alejandro, ¿tú también viniste? —preguntó, con un tono de genuino desconcierto. Su mirada se deslizó hacia la otra figura en la habitación—. Señor Solís, usted también.
Estaba sorprendida. No imaginaba que su enfermedad hubiese alert