No podía creer que, incluso sin Sofía en casa, fuera tan difícil acercarse a Alejandro para conversar un poco.
Frustrada, Jimena se metió también en la cocina y dijo con voz empalagosa:
—Alex, ¿necesitas ayuda con algo?
—No. Sal de aquí.
Ni siquiera levantó la vista, concentrado en lo que hacía.
No se movió ni un centímetro. Con falsa indiferencia, preguntó:
—Alex, hace tanto que no pruebo algo que cocines tú. ¿Lo estás preparando para mí?
Solo entonces levantó la cara, pero su mirada era dura e