Desde hacía unos días, todos en la empresa sabían que su jefe no estaba de buen humor. En las juntas, nadie se atrevía a hacer el más mínimo ruido. Todos llegaban a las reuniones con los nervios de punta.
Ni siquiera Raúl, que acababa de regresar de África, se atrevía a decir nada frente a Alejandro. Aunque era su asistente personal, Raúl sabía cuál era su lugar y entendía la delicadeza de la situación.
Conociendo el carácter de Alejandro, era obvio que su humor tan voluble se debía a lo que hab