Luego, Lorena le dirigió una mirada elocuente a Sofía, indicándole que fuera a ponerse el vestido de gala.
La ropa que llevaba antes estaba completamente empapada; seguir con ella puesta sería una verdadera descortesía.
También era consciente de que su aspecto actual era bastante inapropiado. Tras agradecer el gesto, siguió a una empleada para cambiarse.
Valeria, esta vez, no la acompañó.
Las uñas que acababa de hacerse se le hundían con fuerza en las palmas.
Aun así, el dolor en sus manos no lo