Bajo la mirada de todos, Lorena subió al estrado, con un orgullo inocultable brillando en su mirada.
—¿Me podrían dar un momento?, por favor.
Ante sus palabras, todas las miradas se centraron en ella, pendientes de lo que diría a continuación. Su madre volteó hacia Sofía, que se acercaba en ese instante, y le tendió una mano.
Ella, comprendiendo el gesto, le dedicó una sonrisa que pareció iluminar el ambiente, tan deslumbrante y pura como una flor en primavera, antes de depositar con delicadeza