Alejandro comentó con indiferencia:
—En vista de la situación, este negocio...
No terminó la frase, pero el señor Ramírez y el señor Valencia, hombres de mundo, captaron al instante su intención.
Así que, mirando a Sofía, dijeron:
—Señorita Vargas, aceptamos las condiciones que acaba de proponer. ¿Trajo el contrato? Podemos firmarlo ahora mismo.
—Sí, aquí está.
Sofía todavía se sentía un poco desconcertada por el giro de los acontecimientos.
Incluso cuando tuvo el contrato en sus manos, la situa