En otro lugar.
El gerente Durán regresó a su oficina, cabizbajo. Marcó el número de Valeria para informarle del progreso.
—Señorita Vargas, lo que me encargó ya está listo.
—Hiciste un buen trabajo —se escuchó la voz satisfecha de ella al otro lado de la línea.
***
Al terminar la jornada laboral, el gerente tomó las llaves de su carro y llevó a Sofía a Claustro Restaurant.
Al entrar a un área privada, dos hombres panzones los esperaban.
—Señor Ramírez, señor Valencia, ¡cuánto tiempo sin verlos!