Al decirlo, Javier, con la rapidez de un rayo, le dio una cachetada a Sofía, sin la más mínima consideración.
Carmen, que observaba desde un lado, disfrutaba el espectáculo con placer.
A Sofía se le partió el labio y un hilillo de sangre comenzó a manarle.
Levantó sus hermosos ojos, clavando en él una mirada furiosa.
Él, aunque sintió un escalofrío recorrerle la espalda bajo aquella mirada, no pudo evitar fanfarronear:
—¿Qué? ¿No te gustó?
Mientras hablaba, alzó la mano, dispuesto a golpearla de