Capítulo cincuenta y uno. ¡Por fin!
¡Por fin!
Arturo miró a Paula salir de la piscina, su esposa ahora parecía una sirena y él se sentía hechizado por ella.
—¿Vas a mirarme toda la noche? —preguntó Paula, dejando ver su cuerpo con poquita ropa. Su brasier luchaba por mantener sus pechos redondos dentro de sus copas, debido al embarazo, la talla de Paula parecía haber aumentado y su bikini… ¡Ni siquiera podía llamarse bikini!, pensó Arturo mirando el pedazo de tela y el vientre de su esposa que empezaba a marcarse cada día más, la