Capítulo cincuenta y cuatro. La sangre llama
La sangre llama
Diego condujo hasta el mismo parque donde había hablado con Carolina días atrás, en el mismo lugar donde se había comportado como un irresponsable con ella; fue en ese momento que reflexionó sobre el peligro al que la dejó expuesta al abandonarla a su suerte.
—Mamá y yo siempre venimos aquí —dijo Lucas captando la atención del abogado.
—¿Quieres mucho a tu mami? —preguntó Diego, mientras caminaban a la zona de columpios.
—Ella lo es todo para mí —respondió el pequeño.
—¿Qué hay