Capítulo cincuenta y cinco. Rechaza las visitas
Rechaza las visitas
Los siguientes días, no fueron distintos para Carolina, Diego y Lucas, al abogado le saltaba la vena en la frente cada vez que miraba a Aitor rondando el escritorio de Carolina todas las mañanas, ¿es que no tenía nada mejor que hacer?
—Diego, ¡Diego! —gritó Arturo al ver que su amigo no le prestaba la más mínima atención.
—¿Qué?
—Hace ratos, te estoy hablando y parece que lo he hecho con el escritorio, ¿Qué tanto miras hacia afuera? —le cuestionó.
—Olvídalo, no pasa nada —re