—Lo he encontrado —anunció Jacob entrando al salón donde Anastasia y yo tomábamos té.
Entendí de quién hablaba de inmediato. Me puse de pie casi de un salto.
—Cuidado, cariño, no te alteres —advirtió Anastasia. Ya había escuchado esas palabras una y otra vez durante los últimos diez días.
—¿Dónde? ¿Dónde está? —pregunté desesperada, como si tener una ubicación exacta en ese preciso instante resolviera todo en un abrir y cerrar de ojos.
—Uno de mis agentes ha encontrado a Théo Valiraski.
Jac