Sarah
El salón olía a flores frescas y a cera derretida. El silencio era tan denso que parecía que nadie se atrevía a respirar. Apenas crucé la puerta, vi a Anastasia desplomarse en llanto. El sonido de sus sollozos me atravesó como un golpe seco.
Antes de pensarlo, solté la mano de Devon y fui hacia ella. Su cuerpo temblaba entero cuando la rodeé con mis brazos. Mi vientre me pesaba, pero la apreté contra mí con la fuerza que tenía. Sentí cómo su llanto me empapaba el hombro.
—Lo siento tanto…