Marcus se quedó en silencio por unos minutos. Yo no lo pude soportar. El silencio en esa habitación era un monstruo invisible que se sentaba entre nosotros, empujando mis pensamientos hacia rincones oscuros.
—¿Te duele algo? —pregunté, acercándome a su cama. Él negó con la cabeza sin dejar de mirar por la ventana. Su rostro estaba tranquilo, pero en esa quietud había algo inquietante, como si su mirada se internara más allá del paisaje, en un horizonte al que yo no tenía acceso.
—Estaré listo p