Richard
No había salido de casa desde la muerte de Melissa. No tenía noción del tiempo. A veces, encerrado por horas en mi despacho, ni siquiera sabía si era de día o de noche. Las botellas de whisky se fueron acabando una tras otra. La casa se llenó de telarañas, sombras y fantasmas que me acosaban sin parar. Incluso en mis sueños los escuchaba susurrar: “Ha sido tu culpa”, “Tú la has matado”. Llegaron a convencerme de que aquello era verdad. Yo había matado a Melissa. Xavier Xanders lo había