En algún momento debí haber perdido la noción de lo que pasaba. Un instante estaba en el hospital enfrentando las acusaciones de Cristhian y, al siguiente, en el departamento de Devon, acurrucada, hecha un ovillo envuelta en sábanas. Sentía mi rostro hinchado de tanto llorar.
Escuché un par de golpecitos en la puerta antes de que esta se abriera. Devon apareció en el dintel, preocupado.
—¿Cómo te sientes? —preguntó mientras caminaba hacia la cama. Llevaba una taza humeante en las manos, que