Elena
Estaba sola. El eco de la puerta cerrándose detrás de Cristhian aún resonaba en mi cabeza, como si el mundo entero hubiese decidido aplastarme en ese instante. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía simplemente darme la espalda después de todo lo que hice por él? Mi pecho ardía de rabia, mis manos temblaban, y una sensación abrasadora subía desde mi estómago hasta mi garganta. No podía contenerlo más. Un grito salió de mi boca, desgarrador, inhumano, lleno de una furia que necesitaba escapar o con