La carta siguió en el cajón durante todo el día siguiente.
Ninguno de los dos la mencionó.
No fue un acuerdo explícito. Fue algo más delicado: el respeto compartido por una pausa que ambos necesitaban por motivos distintos, pero que los llevaba al mismo lugar. Una jornada sin Isabela en el centro de la conversación. Sin la carta convertida en urgencia pendiente. Sin una nueva pieza del misterio abriéndose paso entre cada frase antes de que pudieran respirar.
Empezó en el desayuno.
Clara bajó a