Al día siguiente, Leonardo no preguntó.
Cumplió exactamente lo que había dicho en el auto: no apareció en la habitación azul para pedir una respuesta, no la buscó en la cocina con una taza de café como excusa, no dejó caer una frase ambigua en el pasillo para medir cuánto había decidido Clara durante la noche. Estuvo en la mansión, trabajó en el despacho, habló con Mateo, recibió dos llamadas de Emilio y cruzó la biblioteca a media tarde con una carpeta bajo el brazo.
Pero no preguntó.
Clara lo