Doce horas.
No eran suficientes para hacer lo que necesitaban hacer, pero eran las que tenían.
Leonardo llamó a Mateo a las siete de la mañana. La conversación fue breve y tensa. Mateo confirmó que podía bloquear algunos archivos antes de que el abogado externo de Emilio entrara al Registro, pero había una carpeta que aún no estaba digitalizada. Documentos originales, fechados antes del contrato, guardados en un archivo físico fuera de la mansión.
—¿Dónde? —preguntó Leonardo.
La respuesta llegó