Regina llegó sin avisar un jueves por la tarde, justo cuando Leonardo estaba en el departamento revisando con Clara los planos de una habitación pequeña que tal vez, más adelante, podría servir para el bebé. No era una habitación compartida. No era una promesa de convivencia ni una señal de que Clara estuviera considerando volver a la mansión. Era apenas una posibilidad práctica dentro de ese departamento que seguía siendo suyo, pensada con medidas, muebles plegables y límites mucho más claros