—No aquí —dijo Clara, mirando hacia los ventanales de la clínica, consciente de que cualquier conversación en ese lugar podía terminar convertida en escena para quien pasara por la calle—. Hay una plaza a dos cuadras.
Isabela asintió sin discutir, y caminaron juntas el trayecto corto en un silencio incómodo, cargado de todo lo que ninguna de las dos se atrevía a nombrar todavía. Clara sintió, mientras avanzaban, el peso de la mirada de Isabela sobre su vientre, apenas disimulado bajo la ropa ho