Mateo no era el tipo de persona que traía información que no le habían pedido.
Por eso, cuando entró al despacho el lunes por la mañana con la carpeta delgada bajo el brazo y esa expresión de quien tiene algo que decir y ha estado midiendo durante el camino si debía decirlo, Leonardo lo miró antes de que Mateo abriera la boca y entendió que lo que traía era algo que había llegado sin que ninguno de los dos lo hubiera pedido exactamente.
—¿Qué tienes? —preguntó.
Mateo dejó la carpeta sobre el esc