El departamento había empezado a tener sus propias costumbres.
Clara lo notó el sábado por la mañana cuando fue a encender la cafetera antes de que el sol terminara de entrar por la ventana grande y comprobó que ya sabía exactamente qué cajón guardaba los vasos, cuál era el que chirriaba si lo abrías demasiado despacio y dónde estaba la cucharita que le resultaba más cómoda para remover sin que el borde del vaso hiciera el sonido que interrumpía el silencio matutino. Costumbres pequeñas, del tip