Seraphina
La vibración de los motores del avión subía desde el suelo y se instalaba en la planta de mis pies. Era un zumbido constante que adormecía los nervios. Me mantuve con los ojos cerrados, pero no estaba dormida. Era imposible. El recuerdo de Alessandro presionándome contra la pared de mármol de mi suite era una herida abierta en mi mente. Sentía el pulso en mis labios, una presión fantasma que se negaba a desaparecer.
Él estaba a menos de dos metros de mí. Podía olerlo: el aroma del caf