Tormenta.
Estaban bebiendo el cafe, y conversaban animasamente—¿Y qué saben de Anthoine.? —preguntó Serafina, de curiosa.
—Llamé a Giovanna el día de su cumpleaños —comentó Ariadna mientras servía un poco más de vino en su copa—. Está por retirarse. Prometió que, en cuanto su hijo se haga cargo de todo, vendrá a pasar una temporada aquí.
Esa noche, tras la partida de Hubert y su esposa, el fuego de la chimenea bañaba de luz cálida el salón.
Franco y Ariadna permanecieron sentados, uno junto al otro, envu