Hubert Della Croze se había instalado en Las animas hacía ya varios días. A simple vista, todo parecía funcionar con normalidad, pero él no era un hombre ingenuo. Observaba con recelo el constante movimiento de camiones, la entrada y salida de vehículos pesados, y el exceso de carga. Algo no cuadraba. Los números tampoco.
No podía asegurarlo todavía, pero tenía el presentimiento de que lo estaban robando. Y no dudó en decirle eso mismo a su hermano.
—Esto no me gusta nada, Franco. Hay demasiado