A miles de metros de altura, Máximo viajaba en el jet privado de su padre. El silencio entre los hombres que lo acompañaban era denso, respetuoso. Cada uno revisaba mentalmente sus tareas, pero Máximo no podía dejar de pensar en lo que había descubierto: su tía, Ariadna, fingía estar muerta.
“¿Por qué hacerlo?”, pensaba mientras cruzaba el atlántico “¿Qué pudo haberla obligado a desaparecer así?”
Ahora, ciertas actitudes de ella cobraban sentido. Su cabello rubio, las operaciones estéticas… aun