DAMIÁN
Manejé hacia el centro de la ciudad con las manos apretadas al volante, sintiendo que el estómago se me revolvía con cada cuadra que avanzaba. Odiaba este lugar, odiaba la zona bohemia y sobre todo, odiaba tener que admitir mis errores en público. La última vez que estuve aquí, me porté como un reverendo cavernícola celoso.
Pero le hice una promesa a Isabella, le prometí que daría la cara para reconstruir lo que yo mismo había pisoteado y Damián Black jamás rompe sus promesas, menos a la