ISABELLA
Cuando llegamos a la galería a las ocho de la noche, casi no la reconozco.
Damián no solo había pagado la cuenta del café y soltado una amenaza, había movilizado a su gente en cuestión de horas, la calle estaba vigilada por guardias de seguridad de traje oscuro, había alfombra roja en la entrada, meseros con bandejas de cristal sirviendo champán francés del caro y la iluminación había sido ajustada a la perfección.
El modesto evento bohemio de Bruno se había convertido en el evento soc