ISABELLA
Caminábamos por una de las aceras laterales de la Castellana, lejos del bullicio del museo y de las luces cegadoras de la prensa. Damián caminaba a mi lado, con las manos en los bolsillos de su abrigo, observando con una sonrisa ladeada cómo yo intentaba procesar lo que acabábamos de presenciar hace apenas unos minutos.
—¿Me vas a decir que no lo viste Damián? —solté, deteniéndome bajo la luz de una farola antigua—. Bruno y Valeria no solo estaban cenando, se estaban riendo. Valeria le