BRUNO
—Si vuelves a pedir una copa de jerez voy a tener que cargarte hasta la villa Valeria —le advertí, aunque la media sonrisa en mi rostro me delataba.
Estábamos en una taberna escondida cerca de la Plaza Mayor. El estruendo del éxito de Isabella todavía resonaba en mis oídos, pero la adrenalina de la inauguración había mutado en algo más pesado y peligroso mientras observaba a Valeria reír bajo la luz del local.
—No seas amargado, Bruno Rossi. Acabamos de conquistar Madrid —ella alzó su cop