Mundo ficciónIniciar sesiónDAMIÁN
El restaurante estaba casi vacío, una elección deliberada. No quería testigos ni interrupciones. Elegí una mesa al fondo, con vista a la entrada y pedí un whisky doble que no pensaba tocar.
Roberto Ross entró diez minutos tarde, caminando con esa arrogancia barata de quien cree que todavía tiene cartas que jugar, se sentó frente a mí sin esperar invitación y le hizo una seña al mesero para que le trajera lo mismo que a mí.







