Mundo ficciónIniciar sesiónDAMIÁN
—¿Seguro que no quieres que te ayude con Alexander? —preguntó Bruno, apoyado en sus muletas frente a la pila bautismal.
—Puedo solo, no es la primera vez que cargo a mi hijo —respondí, aunque sentía que el sudor me bajaba por la nuca.
El jardín estaba en silencio, los cincuenta invitados, incluyendo a los buitres de la Junta Directiva, observaban cada uno de nuestros movimientos. Isabella estaba a mi







