ISABELLA
No bajé a desayunar, mi estómago rugía reclamando comida, pero mi orgullo rugía más fuerte, no tenía estómago para verle la cara a Damián después de que me gritara anoche que no pareciera "tan viva". ¿Qué clase de insulto era ese?
Me quedé en la cama, mirando el techo, contando las grietas de mi propia paciencia, tenia frio pero no hice nada al respecto, si este iba a ser mi infierno, aprendería a convivir con el hielo.
De repente, un ruido infernal rompió la paz de la casa.
Un claxon.