El rugido de los motores Rolls-Royce del Gulfstream G650 disminuyó su intensidad a medida que el jet privado descendía de forma pronunciada hacia las aguas de un azul cobalto profundo del mar Mediterráneo. Atrás quedaban la negrura polar de los montes Urales, la ceniza radiactiva de la incubadora clonada que habíamos destruido bajo el permafrost siberiano y las ruinas milenarias de la abadía de Montecassino. El sol del mediodía de Malta y la costa italiana caía con una violencia cegadora sobre