El zumbido de los monitores médicos pareció distorsionarse, transformándose en un eco sordo que me taladró los oídos.
La pantalla holográfica sostenida por la Sra. Halloway parpadeaba en un rojo gubernamental, mostrando el escudo del FBI y mi propio rostro bajo la palabra: *FUGITIVA*.
El agarre de Malachi en mis hombros se volvió tan férreo que sus dedos, calientes por la fiebre persistente, se clavaron con desesperación en mi piel a través de la bata clínica.
Sus ojos grises, fijos en la nada